Nietzsche contra Wagner: De “El ocaso de los dioses” a la “muerte de Dios”

Nietzsche contra Wagner

Nietzsche contra Wagner

según una convicción profunda mía, el arte es la tarea más alta y la actividad esencialmente metafísica de la vida, según piensa el hombre a quien quiero que esta obra sea dedicada, como mi noble compañero de armas y precursor en este camino.

Prólogo a Ricardo Wagner.
El origen de la tragedia a partir del espíritu de la música
Die Geburt der Tragödie aus dem Geiste der Musik

Friedrich Nietzsche

Basilea, fines de 1871 

Friedrich Nietzsche, en 1870, -durante sus estudios en Leipzig hasta 1877-, conocerá a Richard Wagner y a su esposa Cosima Liszt, de quien se enamorará. Bajo influencia del músico, Nietzsche comenzará a escribir: “El origen de la tragedia a partir del espíritu de la música”(Die Geburt der Tragödie aus dem Geiste der Musik), la cual será publicada en 1872. En esta obra Nietzsche establece una distinción, que llegará a convertirse en clásica, es decir, entre el espíritu de lo apolíneo, que expresa el mundo como representación (artes plásticas) y el espíritu de los dionisíaco, que lo expresa como voluntad (música). Nietzsche exaltará lo dionisíaco, como encarnación de la “voluntad de vivir”, frente a lo apolíneo, que representa la “huida ante la vida”. En este sentido, lo dionisíaco yace anidado entre los intersticios volitivos de lo manifiestamente humano, expresándose de una manera cuasi- epifánica, por medio de los voluptuosos dramas wagnerianos, que ponen en escena ese fluido incontenible de la vida. En el prólogo a: El origen de la Tragedia, escrito a fines de 1871 y que será dedicado a Wagner, Nietzsche expresará que: “el arte es la tarea más alta y la única actividad esencialmente metafísica de la vida, de la voluntad de vivir”.

Brunhilda anuncia la muerte a Sigmundo. Óleo de Gaston Bussière

Brunhilda anuncia la muerte a Sigmundo. Óleo de Gaston Bussière

Los idilios trágicos de los héroes y heroínas wagnerianos, son una clara y manifiesta expresión de la voluntad del poder humano, en su incesante afán fáustico, por vencer sus propios designios, y así, trascender más allá de sus determinantes y determinadores; transgrediendo los límites de lo humano, “más allá del bien y del mal”, “transitando hacia el superhombre“, como lo expresará Nietzsche más adelante. Este es el caso en “Tanhäusser”, “Loherengrin”, “Der Ring des Nibelunge: Das Rheingold, Die Walkirie” (El anillo del Nibelungo: El oro del Rin y La Walkiria (1869/70).

Götterdämmerung Act II Metropolitan OperaEn “Götterdämerung” (El Ocaso de los dioses), el idilio de Sigfrido y Brunilda, no podrá ser contenido ni por los propios dioses, y su fuerza volitiva quebranta la omnipotencia y hegemonía de los dioses, convirtiéndolos en seres débiles e innecesarios, y por ello sucumbirán y serán condenados a su desaparición total.

“En el Anillo del Nibelungo, el personaje trágico es un dios que ansía poder y, ensayando todos los medios para conquistarlo, se ata por pactos, pierde su libertad y se enreda en la maldición que pesa sobre el poder. Su pérdida de la libertad queda expresada precisamente por el hecho de que ya no tiene medio alguno de apoderarse del anillo de oro que encarna todo poder terrenal y al mismo tiempo, mientras esté en manos de sus enemigos, significa para él gravísimo peligro; lo invade el temor del fin y ocaso de todos los dioses, como así también la desesperación de tener que encarar este fin debatiéndose en dolorosa impotencia. Necesita del hombre libre, intrépido, que sin su consejo ni ayuda, y aún en oposición al orden divino, lleve a cabo por sí mismo la acción que al dios le está vedada; no lo ve, y precisamente cuando nace una nueva esperanza tiene que someterse al apremio que lo ata: su propia mano debe aniquilar al ser más querido, castigar la compasión más pura con su apremio. Entonces, al fin, siente asco al poder que lleva en su seno el mal y la ley inexorable; su voluntad se quiebra, él mismo ansía ahora el fin que acecha a lo lejos. Y sólo entonces sobreviene lo que antes más ha anhelado el dios: aparece el hombre libre, intrépido, nacido en oposición a todo lo convencional; sus progenitores expían el haber estado unidos por un vínculo incompatible con el orden de la Naturaleza y las costumbres: ellos perecen, pero Sigfrido vive. Ante su portentoso devenir y eclosionar se retira el asco del alma de Wotan; su mirada está fija en las andanzas del héroe con paternal amor y solicitud. Sigfrido se forja la espada, mata al dragón, conquista el anillo, elude el más artero de los engaños y despierta a Brunhilda. La maldición que pesa sobre el anillo tampoco lo respeta a él y lo acecha cada vez más de cerca; leal en la deslealtad, hiriendo por amor al ser más entrañablemente amado, queda envuelto en las sombras y nieblas de la culpa, mas por último emerge y se hunde puro como el sol, incendiando todo el cielo con los fulgores de su llama y purificando el mundo de la maldición. Todo esto lo observa el dios al que se ha roto la lanza rectora en lucha con el más libre, gozoso de su propia derrota, sintiendo como en carne propia las vicisitudes de su vencedor; con brillo de dolorosa felicidad su mirada está fija en los acontecimientos postreros: se ha vuelto libre en el amor, libre de sí mismo.” (Richard Wagner en Bayreuth,10, Obras completas)

En: “Tristan und Isolde” (Tristán e Isolda), la voluptuosidad y sensualidad explosiva emergen por medio de las innovaciones poéticas y de las técnicas sinfónicas wagnerianas, que parecen inundar todo el espacio sinfónico a manera de portentosas cascadas cromáticas. Tal idilio amoroso, se encuentra inspirado en las propias pasiones amorosas y transgresoras de las normas sociales de su época del propio Wagner. De la misma manera, transgrede la armonía tonal llevándola a los grados extremos de la modulación continua, y agrandando la orquesta para así conducirla a las mayores combinaciones tímbricas.

“…Tristán e Iseo, el opus metaphysicum por excelencia de todo arte, obra en que está fija la mirada desfalleciente de un moribundo, con su insaciable, dulcísimo anhelo de los misterios de la noche y la muerte, lejos, pero muy lejos de la vida que como lo malo, engañoso y separador brilla con una espantable, pavorosa, claridad matinal y crudeza; drama, por otra parte, de muy austero rigor de la forma, arrebatador en su simple grandeza y sólo así adecuado al misterio del que dice, al estar muerto en vida, al ser uno en la dualidad.” (Richard Wagner en Bayreuth,8, Obras completas)

Bühnenbildentwurf Siegfried (Josef Hoffmann, 1876)

Bühnenbildentwurf Siegfried (Josef Hoffmann, 1876)

Héroes wagnerianos como Sigfrido que “no saben del miedo“, evocan el ” übermench “ (superhombre) nietzscheneano, que será predicado y profetizado por su Zarathustra: “Yo predico el Superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Quién de vosotros ha hecho algo por superarle?” (Así habló Zarathustra, Primera Parte, Prólgo de Zarathustra, III). Pero, muy particularmente la parte final del ciclo: “El Anillo de los Nibelungos“: Götterdämerung (El Ocaso de los dioses), evocan una revelación cuasi-heraclitiana, expresada por el Zarathustra nietzscheneano como: “übergehen” (transitar al otro lado), es decir, la necesidad del hombre de hundirse en el ocaso para morir y resuscitar como superhombre (“Lo más grande del hombre es que es un puente y no una meta. Lo que debemos amar en el hombre es que consiste en un tránsito y un ocaso (übergehen)“, Prólogo de Zarathustra, IV).

Bühnenbildentwurf Rheingold (J. Hoffman, 1876)

Bühnenbildentwurf Rheingold (J. Hoffman, 1876)

“Reflexionar sobre lo que es el artista Wagner y pasar, contemplativo, junto al espectáculo de un poder y deber verdaderamente soberanos: he aquí lo que hará falta, para curar y restablecerse, a quien haya reflexionado sobre la gestación del hombre Wagner y sufrido de ella. Si el arte no es, en definitiva, sino la capacidad para comunicar a otros la propia vivencia, si toda obra de arte que no sepa hacerse entender se contradice a sí misma, la grandeza del artista Wagner ha de residir precisamente en esa demoníaca comunicabilidad de su ser, el cual dijérase que habla de sí en todas las lenguas y destaca la vivencia íntima, personalísima, con máxima nitidez. Su aparición en la historia de las artes semeja una erupción volcánica del poder artístico íntegro, total, de la Naturaleza misma, tras haberse acostumbrado la humanidad a la particularización de las distintas artes como si jugase una regla. Se puede, en consecuencia, dudar acerca del calificativo que aplicarle, acerca de si corresponde llamarle poeta, plástico o músico, tomado cada uno de estos términos en una extraordinaria ampliación de su acepción, o ha de acuñarse para él un término nuevo.” (Richard Wagner en Bayreuth, 9, Obras completas)

Brunnhilde entre llamas (inmolación)

Brunnhilde entre llamas (inmolación)

Emerge espontáneamente entonces, un parangón entre el “Götterdämerung” (El ocaso de los dioses) wagneriano, y el “Gott todt ist!” (Dios muerto está) nietzscheniano. En el “Ocaso de los dioses”, se narra la historia de cómo el anillo maldito hecho con oro robado al Rin por el enano Alberich, perteneciente a la raza de los nibelungos, llegará a causar la trágica muerte de Sigfrido (típico héore trágico wagneriano, víctima de su propia grandeza); como también, la inmolación como autosacrificio de Brunilda, la Valquiria; tras la muerte y cremación de ella junto su amado Sigfrido, sus cuerpos arden y expían la maldición del anillo del Nibelungo, con lo recaerá entonces en el Valhalla, la morada de los dioses, donde moraba Wotan (Odín), -y que arderá-; dejando al mundo sin la tiranía de los dioses. Ya con los dioses del Valhalla muertos, la humanidad ha sido liberada por la voluntad pura de su héroe y heroína, por ello, es con la narración wagneriana, que se evidencia la antesala del “Gott todt ist!” (Dios muerto está) de Nieztsche: “Als Zarathustra aber allein war, sprach er also zu seinem Herzen: “Sollte es denn möglich sein! Dieser alte Heilige hat in seinem Walde noch Nichts davon gehört, dass Gott todt ist!” (Also sprach Zarathustra, Zarathustra’s Vorrede, II) (“Cuando Zarathustra estuvo solo, vino a decirle a su corazón: “¿Será posible?. Ese santo varón metido ahí en su bosque, ¡no ha oído aun que Dios ha muerto! ” (Así habló Zarathustra, Prólogo de Zarathustra, II).

“Quiere la tragedia que el individuo quede consagrado a algo impersonal, que se olvide él de la terrible angustia que le causan la muerte y el tiempo, pues en el más fugaz instante, en el más mínimo fragmento de su vida, puede sobrevenirle algo sagrado que compense con creces toda lucha y todo apremio, esto es, la conciencia trágica. Aunque la humanidad toda tenga que perecer un día — ¡y quién va a dudar de esto! —, para todos los tiempos por venir le está fijada como tarea suprema la meta de fundirse de tal modo en lo uno y común que se encamina a su perdición, como un todo, con una conciencia trágica.” (Richard Wagner en Bayreuth, 4, Obras completas)

Esquilo y Shakespeare rinden pleitesía a Wagner. Caricatura aparecida en Ulk (1876).

Esquilo y Shakespeare rinden pleitesía a Wagner. Caricatura aparecida en Ulk (1876).

Nietzsche llegó a identificar las propiedades del drama wagneriano como: su pasionalidad, bacanilidad y voluptuosidad, con el espíritu dionisíaco, tal y como se había manifestado en la tragedia griega (especialmente en la figura de Esquilo y de Sófocles) a los que consideraba arte por excelencia, pues mostraba de un modo bello la verdad: lo trágico de la existencia. No recibe los mismos elogios Eurípides, a quien Nietzsche presenta como “una máscara por cuya boca no hablaba ni Dionisos ni Apolo, sino un demonio que acababa de aparecer, llamado Sócrates”, al cual, Nietzsche con gusto enviaría a tomar cicuta de nuevo, en tanto lo considerará uno de los grandes farsantes, como lo expresará en: “El crepúsculo de los ídolos”.

Bühnenbildentwurf Walküre (Josef Hoffmann, 1876)

Bühnenbildentwurf Walküre (Josef Hoffmann, 1876)

“Wagner situó la vida actual y el pasado bajo el rayo de luz de un conocimiento lo bastante intenso para permitir ver hasta una distancia extraordinaria; es, así, un simplificador del mundo. Pues siempre la simplificación del mundo consiste en que la mirada del cognoscente ha logrado una vez más dominar la inmensa multiplicidad anonadadora de un aparente caos y comprime en una unidad lo que ha estado divorciado. Wagner hizo esto encontrando relación entre dos cosas que parecían desenvolverse, frías y extrañas una a la otra como en sendas esferas separadas entre sí: entre la música y la vida, y también entre la música y el drama.” (Richard Wagner en Bayreuth, 5, Obras completas)

No obstante, se llegará a dar una ruptura de Nietzsche con Wagner. El distanciamiento de Nietzsche para con Wagner tiene sus inicios en 1876, luego de haber abandonado intempestivamente Bayreuth y sin que mediara ningua explicación por parte de Nietzsche. Wagner no llegó a comprender plenamente, qué es lo que estaba ocasionando tal distanciamiento, de quien había sido hasta entonces su más excelso apologeta. Es a partir de 1878, que se marca entonces, una nueva etapa en el pensamiento del filósofo. En este período, Nietzsche se aparta de los ideales y maestros que había admirado hasta entonces, se muestra crítico hacia el arte y la metafísica y se vuelve hacia un tipo de positivismo naturalista, más propio de la Ilustración, aunque sin llegar a un ingenuo optimismo de su culto al progreso. Esta es la etapa de su: “Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres” (Menschliches, Allzumenschliches. Ein Buch für freie Geister) (1878-1880), dedicado a VoltaireNietzsche envió su nuevo libro a Wagner. Quien tras su lectura, pronto se sintió aludido y atacado, lo cual le causó indignación y extremo enojo. Cuando llegó a la cuarta parte (“Del alma de los artistas y escritores“), Wagner evidenció que el ataque era directo hacia él, en sus referencias al genio:
“Filólogos y filósofos, especialmente cuando se encuentran en el campo de la estética, son animados, casi obligados por la física en general, a un progreso sin límites en el ámbito de la crítica de todo lo humano e inhumano. […] Cuanto más inadvertidas pasen las saturnales de la ciencia aquí señaladas, tanto mayor será la audacia y la crueldad con que las víctimas más nobles serán mancilladas y arrastradas hasta el altar de la duda. Todo profesor alemán debe escribir alguna vez un libro que le haga famoso. […] Ahora bien, los casos más graves son los que consideran toda grandeza en general, especialmente el tan molesto “genio”, como pernicioso: el genio, considerado como algo fundamentalmente falso, es arrojado por la borda” (Wagner, Richard, Sämtliche Schriften und Dichtungen, Leipzig, 1883, vol. X, pp. 81-86.)

El núcleo del conflicto gira en torno a la ópera Parsifal (“Festival Sagrado”), estrenada en 1882, aunque venía siendo trabajada por Wagner desde 1857. Nietzsche llegará a reprochar a Wagner el haber cedido, ante los ideales del cristianismo, intrínsecamente contrarios a las fuerzas de la vida, represoras de la voluntad de poder de vida humana. Es para 1887, cinco años después del estreno, que  Nietzsche se preguntaba en: “La genealogía de la moral”: “¿qué le importaba a Wagner aquella varonil (ay, tan poco varonil) ‘candidez campesina’, aquel pobre diablo, aquel agreste muchacho llamado Parsifal?”. El Parsifal de Wagner para Nietzsche ha perdido esa aguerrida y varonil fuerza de voluntad de vida, que había caracterizado tanto a los héroes y como de las heroínas (-es el caso de las Walkirias, especialmente de Brunhilda-) de los dramas anteriores wagnerianos anteriores. La ironía de Nietzsche es venenosa, pues se transfiere transitivamente al propio Wagner. Aunque será la última obra wagneriana antes de morir en 1883, Nietzsche no lo perdonará, pues considera que ha traicionado las fuentes fundamentales de su propia obra y vuelve a la “gran mentira” del cristianismo y del idealismo, sostenidos por más de dos milenios.

F. Nietzsche: Götzen-dämmerung oder: Wie man mit dem Hammer philosophirt

F. Nietzsche: Götzen-dämmerung oder: Wie man mit dem Hammer philosophirt

La obsesión pasional de Nietzsche para con Wagner, estuvo presente de manera transversal en toda su obra, empezando con la apoteosis en: “El Origen de la Tragedia” y culminando con un virulento desprecio, expresado con preclaridad en la ironía que Nietzsche hace del “Götterdämmerung” (El ocaso de los dioses), con su libro escrito entre 1888 y 1889: “Götzen-dämmerung” (El ocaso de los ídolos). El titulo de esta obra: “El ocaso de los ídolos, o cómo se filosofa con el martillo”  (Götzen-dämmerung oder: Wie man mit dem Hammer philosophirt), es, como el mismo Nietzsche le hubiese expresado a  P. Gast en una de las cartas, una ironía manifiesta contra Wagner. En obra es una intempestiva crítica contra los ídolos sostenidos por 19 siglos del pensamiento europeo. Acusa de grandes farsantes a Sócrates y su mayéutica y a Kant y su inetiligible “cosa en sí”; a la vez que continúa su propuesta de la transmutación de todos aquellos valores que son de raigambre cristiana.

Las 3 transformaciones: del camello al león y al niño

Las 3 transformaciones: del camello al león y al niño

A partir de 1882, es posible vislumbrar una nueva etapa en el pensamiento de Nietzsche con la publicación de su obra: “Así habló Zaratustra.Un libro para todos y para nadie”(Also Sprach Zarathustra. Ein Buch für Alle und Keinen) . Las doctrinas de este período parten de la concepción de la vida como dolor, lucha e irracionalidad que había aprendido en Schopenhauer, pero rechazando la actitud de resignación ante ello. Son tres las transformaciones que debe sufrir el hombre: “la del camello, la del león y finalmente la del niño“. El estado del camello consiste en la de la reverencia ante la idea de Dios y de su ley. Es el que se inclina para que lo llenen de carga pesada sobre su lomo. Su espíritu quiere tareas grandes y pesadas que le permitan demostrar sus fuerzas. De esta manera el camello se interna en el desierto, cargado, y es así que el espíritu torna en león. El estado del león consiste en aquel que desea conquistar su libertad, por lo que se deshace de sus cargas, de Dios y de su ley y comienza a andar con su propia ley. El león sustituye el mandato de Dios “tú debes” por el de “yo quiero”.  El niño es la simple afirmación de la vida ya no atado ni sujeto a nada. Es pura libertad.

Nietzsche tenía la intención de presentar estas ideas en una obra sistemática que debía titularse: “La voluntad de poder”, pero no pudo terminarla. Fue publicada después de su muerte con las anotaciones que se encontraron entre sus papeles póstumos. “Así habló Zaratustra.Un libro para todos y para nadie”, Nietzsche retoma lo expresado en “La gaya ciencia” que “Dios ha muerto“. La gran mentira de la Metafísica ha caído empujada por un precepto del propio cristianismo: la búsqueda de la verdad. El Dios cristiano carece, según Nietzsche, de realidad, al igual que el Ser de Parménides, el Bien de Platón o el Uno de Plotino. Dos mil años le ha tomado a Occidente descubrir esta verdad. Y ahora, una vez que lo ha logrado, queda sumido en el nihilismo. Con Dios se derrumba toda trascendencia. Con él perecen la Metafísica y la Moral. Ya no hay un punto de referencia absoluto desde el cual juzgar. Nada tiene sentido, nada tiene valor. Nietzsche ve a la muerte de Dios como la gran posibilidad. Ahora el hombre puede crear libremente sus valores y dotar de sentido al mundo, sin necesidad de hacerlo de un modo encubierto, sin necesidad de pretender que esos valores que él crea tienen un respaldo divino o trascendente. Nietzsche lucha contra la Metafísica, contra su error dos veces milenario. Entonces se propone lograr la inversión de la Metafísica, mostrando que el mundo que la Metafísica calumniaba y consideraba sólo aparente es el único verdadero y que aquel mundo que la Metafísica presentaba como real, eterno y arquetípico no era sino “la gran mentira”.

Nietzsche contra Wagner (Portada)

Nietzsche contra Wagner (Portada)

En lo que respecta a la diatriba de Nietzsche con Wagner, la sintetizará en: “Nietzsche contra Wagner” en 1889 y que está dividida en tres partes en las cuales, expone el tránsito gradual desde su admiración, a la objeción ; para culminar, finalmente , en el repudio más encarnizado de Wagner. En esta última parte, niega categóricamente la belleza artística de la música wagneriana, tomando como objeto de sus críticas la ópera Parsifal del compositor.

Parsifal en el jardín mágico de Klingsor, Le Chevalier aux Fleurs de Georges Rochegrosse (1894, Musée d'Orsay, París).

Parsifal en el jardín mágico de Klingsor, Le Chevalier aux Fleurs de Georges Rochegrosse (1894, Musée d’Orsay, París).

“El Parsifal es un tema de opereta par excellence… ¿Es el Parsifal de Wagner su secreta risa de superioridad sobre sí mismo, el triunfo de su última, suprema libertad de artista, de su ir más allá del artista? — ¿es Wagner, que sabe reírse de sí mismo? Como he dicho, habría que desearlo: pues, ¿qué sería el Parsifal tomado en serio? ¿Una maldición sobre los sentidos y el espíritu en un mismo odio y un mismo aliento? ¿Una apostasía y una conversión hacia enfermizos y oscurantistas ideales cristianos?” (Nietzsche contra Wagner, 3, Wagner como un peligro)

Ver:
*Prólogo a Richard Wagner en: “El nacimiento de la tragedia” (1872, Die Geburt der Tragödie aus dem Geiste der Musik) Disponible en línea en: http://bit.ly/hciK1k
*Richard Wagner en Bayreuth (1876, Unzeitgemasse Betrachtungen) Disponible en línea en: http://bit.ly/gTL2WB
*Nietzsche contra Wagner (1889, Aktenstücke eines Psychologen) Disponible en línea en: http://bit.ly/gQYIuD

 

Bayreuth

Bayreuth

Richard Wagner: Tristan und Isolde-Liebestod

(Tristán e Isolda. Muerte de amor) (1857-1859)

Tristán e Isolda de Richard Wagner es una larga alucinación romántica acerca del deseo, del amor y de la muerte. Una música misteriosa y fascinante que nos arroja a un universo fatal, de pasiones extremas, a una historia de amor que nace cuando Tristán e Isolda eligen la muerte antes que enfrentarse a las consecuencias de su amor prohibido, y que no se consuma hasta el momento en el que Isolda se reúne con Tristán en “el maravilloso reino de la muerte” que le había prometido.
El final del drama – Muerte de Amor o Liebestod – es justamente célebre. Isolda alucina ante el cadáver de Tristán, ve cómo este le sonríe y abre los ojos, mientras su corazón vuelve a latir. Una misteriosa música comienza a rodearla – en pleno éxtasis se siente rodeada de oleadas de suave brisa que la atraen, hasta sumergirse en unión mística, ya sin consciencia, en el hálito del mundo, siendo ya uno con Tristán, muertos, “eternamente unidos, sin final, sin despertar, sin miedos, sin nombres, abrazados en el amor, dados enteramente el uno al otro“.

—–

Richard Wagner – Liebestod, Tristán e Isolda

Scala Milán, 2007, Daniel Barenboin,  Waltraud Meier


Acto III, Escena III
ISOLDE: LIEBESTOD
Mild und leise – Delicioso y suave
wie er lächelt, – cómo sonríe,
wie das Auge – cómo los ojos
hold er öffnet – abre preciso
seht ihr’s Freunde? – ¿Lo véis amigos?
Seht ihr’s nicht? – ¿No lo véis?
Immer lichter – ¿Más luminoso
wie er leuchtet, – cómo brilla,
stern-umstrahlet – rodeado de estrellas
hoch sich hebt? – se eleva?
Seht ihr’s nicht? – ¿no lo veis?
Wie das Herz ihm – ¿Cómo su corazón
mutig schwillt, – late bravo,
voll und hehr – pleno y noble
im Busen ihm quillt? – se dilata en su pecho?
Wie den Lippen, – Cómo de sus labios,
wonnig mild, – gozo delicioso,
süßer Atem – un dulce aliento
sanft entweht – exhala ligero
Freunde! Seht! – ¡Amigos! ¡Mirad!
Fühlt und seht ihr’s nicht? – ¿No lo veis ni lo sentís?
Hör ich nur – Sólo yo oigo
diese Weise, – esta melodía,
die so wunder – que tan maravillosa
voll und leise, – plena y suave,
Wonne klagend, – lamentando gozosa
alles sagend, – diciendo todo,
mild versöhnend – sosegando deliciosa,
aus ihm tönend, – resonando desde él ,
in mich dringet, – en mí penetra,
auf sich schwinget, – se eleva sobre sí,
hold erhallend – sonando precisa
um mich klinget? – me rodea?
Heller schallend, – Vibrando más claras
mich umwallend, – ondulándome,
sind es Wellen – ¿Son olas
sanfter Lüfte? – de aires deliciosos?
Sind es Wogen – ¿Son nubes
wonniger Düfte? – de aromas embriagadores?
Wie sie schwellen, – Cómo crecen,
mich umrauschen, – me aturden,
soll ich atmen, – ¿debo respirar,
soll ich lauschen? – debo escuchar?
Soll ich schlürfen, – ¿Debo saborear,
untertauchen? – sumergirme?
Süß in Düften – ¿En dulces fragancias
mich verhauchen? – respirarme?
In dem wogenden Schwall, – En la masa ondulante,
in dem tönenden Schall, – en el rumor resonante,
in des Welt-Atems – del Hálito-del-Mundo
wehendem All – en el Todo anhelante,
ertrinken, – ahogarme,
versinken – hundirme,
unbewußt – inconsciente
höchste Lust! – ¡Supremo placer!

Richard Wagner: Loherengrin

Opera completa subtitulada en español

Ópera Estatal de Viena
Enrique I el Pajarero – Robert Lloyd
Lohengrin – Plácido Domingo
Elsa de Brabante – Cheryl Studer
Friedrich de Telramund – Hartmut Welker
Ortrud, esposa de Telramund – Dunja Vejzovic
El heraldo del rey – Georg Tichy
Coro y Orquesta de la Ópera Estatal de Viena
Director – Claudio Abbado


Richard Wagner: El Crepúsculo de los dioses

(ópera completa)

GötterDämmerung (Der Ring des Nibelungen)

Bayreuth Festspielhaus

Director: Pierre Boulez

“Götterdämmerung” (El crepúsculo de los dioses) es la última del ciclo de cuatro óperas, titulado: “Der Ring des Nibelungen” (El anillo de los Nibelungos). Su premier fue en el Bayreuth Festspielhaus del 17 Agosto de 1876, como parte de la primera presentación completa del ciclo del Anillo.

—–

El día que Nietzsche lloró (2007)

When Nietzsche Wept (original title).

Viennese doctor Josef Bruer meets with philosopher Friedrich Nietzsche to help him deal with his despair. Director: Pinchas Perry Writers: Pinchas Perry, Irvin D. Yalom (novel) Stars: Armand Assante, Andreas Beckett and Ben Cross

——————-

La novela: El día que Nietzsche lloró, escrita por el psiquiatra judeo-americano Irvin D. Yalom, es un libro del género ficción escrito en 1992. En este libro se destacan personas muy importantes para la historia de la humanidad como Sigmund Freud en el campo del psicoanálisis, Josef Breuer en la medicina, y Friedrich Nietzsche en el campo filosófico. Otros personajes reconocidos son Richard Wagner, gran compositor alemán, el filósofo Paul Rée, y Lou Andreas-Salomé, escritora alemana de origen ruso que es un personaje muy importante para la historia. La novela en sí se sitúa a finales de 1882, entre noviembre y diciembre, y está ambientada en Viena en una sociedad muy estructurada y alto nivel económico. Una joven, Lou Salomé lleva a cabo una cita con Josef Breuer, un célebre médico vienés, su objetivo es lograr que un tal Friedrich Nietzsche no se quite la vida, un atormentado filósofo alemán, por supuesto nada conocido para la época, con tendencias suicidas según Lou Andreas Salomé. Breuer, influido por la tenacidad de la joven e impactado por el ímpetu de su carácter acepta el desafío que la joven desconocida le propone, tratar de ayudar a este “don nadie´´ que supuestamente tiene mucha inteligencia, sin que él lo note. Igualmente, esta tarea no resulta muy fácil y a través de repetidos encuentros Breuer se da cuenta del verdadero genio que posee Nietzsche. Recibirá la colaboración de un joven amigo, con quien disfruta discutir sobre el estado de la medicina de la época, este joven es Sigmund Freud. Ambos van descubriendo los conceptos que luego servirían para fundar el Psicoanálisis. Es un libro para reflexionar sobre la vida, donde los dos protagonistas descubren al final que se ayudaron el uno al otro sin darse cuenta. Con respecto a Breuer, él consigue tener otro punto de vista en lo que engloba a su matrimonio y el amor por su mujer y sus hijos, y enfocándonos en Nietzsche, logra superar un amor del pasado y durante la relación que van forjando nace su inspiración para lo que luego será su próximo libro, quizás su obra capital, de seguro la más famosa, “Así habló Zaratustra´´.
Si bien ficticia, todos y cada uno de los hechos aquí sucedidos pudieron haberse dado perfectamente.
Esta obra también fue ambientada para cine y teatro. En el rubro cinematográfico con la dirección de Pinchas Perry y el reparto actoral de Katheryn Winnick, Armand Assante, Ben Cross. Rachel O’Meara, Joana Pacula. Con respecto al teatro, la obra se basa en lo inconsciente como representación teatral. Sigmund Freud tiene apenas 24 años y es testigo del encuentro entre su maestro -el doctor Josef Breuer (Claudio Da Passano), y Friedrich Nietzsche, (Luciano Suardi ) filósofo maldito precipitado, tanto o más que su médico, hacia el abismo de sus obsesiones.

Sobre el mismo tema en weblogs FCR: 

Acerca de Filosofía Costa Rica

Filosofía en Costa Rica. Este Weblog, es parte de los recursos virtuales, creados para la construcción y deconstrucción de espacios conceptuales y universos discurso de naturaleza filosófica.
Esta entrada fue publicada en Arte contemporáneo, Filosofía contemporánea, Humano demasiado humano y etiquetada , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Nietzsche contra Wagner: De “El ocaso de los dioses” a la “muerte de Dios”

  1. Pingback: Friedrich Nietzsche: Más allá del bien y del mal | Filosofía en Costa Rica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s